Invisibilizar un duelo no es un camino saludable sea cual sea la pérdida. Sin embargo, hay pérdidas, como la gestacional, que al ser desautorizadas socialmente, suelen quedar invisibilizadas con mayor frecuencia.
Cuando la sociedad, la red de apoyo o el propio entorno laboral no valida ese duelo o lo ignora, aparecen consecuencias. Una consecuencia es que el dolor se queda atrapado en ti. No desaparece. No se
evapora. Queda dentro, haciéndose cada vez más difícil de elaborar.
Y esto genera sentimientos de incomprensión, aislamiento y soledad y aumenta el riesgo de que el duelo se complique o se prolongue en el tiempo.
Y con frecuencia aparece la culpa. Culpa por seguir sintiendo. Culpa por no estar bien. Culpa por no poder rendir como antes.
Y junto a ella puede llegar la ansiedad, una profunda tristeza que no cesa, agotamiento, irritabilidad o incluso síntomas depresivos que hacen la vida cotidiana difícil de llevar.
Pero esto no queda aquí. Invisibilizar el duelo también afecta a las relaciones, a la pareja, la familia, los amigos y también a los compañeros de trabajo.
La persona empieza a desconectarse. Las conversaciones se vuelven incómodas. Las emociones se reprimen. Y poco a poco las relaciones empiezan a deteriorarse.
En el entorno laboral, esta invisibilidad tiene un efecto en cadena. No solo impacta en el bienestar del empleado o empleada, sino que también se percibe en el ambiente laboral pudiendo traducirse en bajo rendimiento y en desconexión con el equipo y con las tareas.
Y cuando en una empresa no se reconoce el dolor de alguien del equipo, se pierde humanidad. Se pierde confianza. Se quiebra el sentido del trabajo. El duelo necesita ser visto. Necesita ser escuchado. El duelo es la pérdida de una relación que necesita del calor de otras relaciones para poder reconstruirse.
Por eso hablamos de duelo. Y por eso es tan importante promover una cultura laboral y social donde el duelo no tenga que esconderse y donde acompañar sea parte del cuidado.





